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<title><![CDATA[ María Zambrano, Mis Notas en Varios]]></title>
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		<title><![CDATA[ María Zambrano]]></title>
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		<description><![CDATA[ <p align="justify"><a href="http://www.josebamirenafernandezflorin.com/notas/maria_zambrano.html"><img src="http://www.josebamirenafernandezflorin.com/articulos/maria_zambrano.jpg" width="200" height="150" alt="María Zambrano" style="float: right; border: #CCCCCC 4px solid;"></a><br> <strong class="marked">LA MIRADA</strong><br>
<br>
S&oacute;lo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene entonces, aunque no perdure y s&oacute;lo sea fugitivamente, sin apenas duraci&oacute;n, pues que crea as&iacute; el instante. El instante que es al par indeleblemente uno y duradero. La unidad, pues, entre el instante fugitivo e inasible y lo que perdura. El instante que alcanza no ser fugitivo y&eacute;ndose.<br>
Inasible. El instante que ya no est&aacute; bajo la amenaza de ser cosa ni concepto. Guardado, escondido en su oscuridad, en la oscuridad propia, puede llegar a ser concepci&oacute;n, el instante de concebir, no siempre inadvertido.<br>
Y as&iacute;, la mirada, recogida en su oscuridad parad&oacute;jicamente, saltando sobre una apor&iacute;a, se abre y abre a su vez, "a la imagen y semejanza", una especie de, circulaci&oacute;n. La mirada recorre, abre el c&iacute;rculo de la aurora que s&oacute;lo se dio en un punto, que se muestra como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. Lo que constituye su gloria inalterable.<br>
<br>
<strong class="marked">LA LLAMA</strong><br>
<br>
Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvi&oacute; por m&iacute;. Yentonces comprend&iacute; que ella hab&iacute;a sido la enamorada. Y yo hab&iacute;a pasado por la vida tan s&oacute;lo de paso, lejana de m&iacute; misma .Y de ella ven&iacute;an las palabras sin due&ntilde;o que todos beb&iacute;an sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, all&aacute;, donde yo no pod&iacute;a verla; me iba iniciando a trav&eacute;s del dolor del abandono. Por eso nadie pod&iacute;a amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. S&oacute;lo una noche hasta el alba. Y all&iacute; qued&eacute; esperando. Me despertaba con la aurora, si es que hab&iacute;a dormido. Y cre&iacute;a que ya hab&iacute;a llegado, yo, ella, &eacute;l... Sal&iacute;a el Sol y el d&iacute;a ca&iacute;a como una condena sobre m&iacute;. No, no todav&iacute;a.<br>
<br>
<strong class="marked">GEOGRAF&Iacute;A DE LA AURORA</strong><br>
<br>
Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sue&ntilde;os y al so&ntilde;ante acogen tan de verdad que &eacute;ste conserva en la vigilia las huellas del tacto, a veces hecho memoria tanto o m&aacute;s que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por a&ntilde;os, por duraciones sin fin, ese color visto tan s&oacute;lo en sue&ntilde;os y ese felic&iacute;simo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontr&aacute;ndola en tierras lejanas ba&ntilde;adas por otra luz. &iquest;C&oacute;mo suceden, c&oacute;mo est&aacute;n ah&iacute; asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extra&ntilde;a a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber c&oacute;mo ni por qu&eacute;, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin a&ntilde;orar sin so&ntilde;ar, duerme al fin en su gruta sin so&ntilde;ar se&ntilde;or alguno, que le haya herido y sin so&ntilde;arse &eacute;l a s&iacute; mismo, olvidado de toda herida.<br>
El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.<br>
<br>
<strong class="marked">EL TEMPLO Y SUS CAMINOS</strong><br>
<br>
Una tinieblas que prometen y a veces amenazan abrirse. Y es dif&iacute;cil creer que quien recorre tal camino no se vea acometido por el tempor y un temblor casi paralizantes. Es la luz de un viaje m&aacute;s bien extrahumano, que el hombre emprend&iacute;a asom&aacute;ndose al lado d&eacute; all&aacute;, a ese lado al cual se supuso, cada vez con mayor ligereza, que s&oacute;lo se asoman los m&iacute;sticos. Es la luz que se vislumbra y la luz que acecha, la luz que hiere. La luz que acecha en la inmensidad de un horizonte donde perderse parece inevitable, y que hiere con un rayo que despierta m&aacute;s all&aacute; de lo sostenible, llamando a la completa vigilia, &eacute;sa donde la mente se incendiar&iacute;a toda.<br>
<br>
<strong class="marked">CLAROS DEL BOSQUE</strong><br>
<br>
No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardar&aacute;s ya mucho en salir de aqu&iacute;. Porque aqu&iacute; no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es s&oacute;lo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aqu&iacute;; vendr&aacute;s ya libre, m&iacute;rame, m&iacute;rame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora s&iacute;, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habr&aacute; ni hijos ni padres. Y los hermanos vendr&aacute;n a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos all&iacute; de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. All&iacute; acabaremos de nacer, nos dejar&aacute;n nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la so&ntilde;&eacute;, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se cre&iacute;a &eacute;se que yo estaba pensando.<br>
En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no est&aacute; cercado por la muerte.<br>
All&iacute; el amor no hay que hacerlo, porque se vive en &eacute;l. No hay m&aacute;s que amor.<br>
Nadie nace all&iacute;, es verdad, como aqu&iacute; de este modo. All&iacute; van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas est&aacute;n despiertas, no en su sue&ntilde;o como est&aacute;n aqu&iacute;; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un coraz&oacute;n sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aqu&iacute;, como ah&iacute; fuera.</p> ]]></description><category domain="http://www.josebamirenafernandezflorin.com/diario/varios.xml">Varios</category>
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